Coruña, 11 de septiembre de 2004, 16:55
-Dame dinero, no me pongas nervioso, dame dinero, tengo una navaja…
(Bla, bla por ambas partes. Muuuucha tensión en el ambiente. Yo no veo la navaja pero cualquiera sabe, y no me da la gana de darle a un jichiño cualquiera que ni siquiera me lo ha pedido por favor el dinero que me he ganado honradamente tocando la pandereta este verano.)
-Mire, yo no quiero fastidiarlo ni nada, pero en estos momentos seguro que tiene usted más dinero que yo. No tengo aquí ni la tarjeta de débito. Acabo de gastarme todo lo poco que llevaba encima en este libro (La sombra del viento, de Ruiz Zafón), pero si quiere se lo regalo: parece interesante y si lo revende, igual le dan quince euros o así…
-No, da igual (se va).
Conclusiones: 1) El poder estratégico de la adrenalina es inconmesurable: ¡hasta le hablé de usted! 2) El libro no debe de ser tan bueno como dicen.
P.S.: El libro es una chorrada como un mundo. Me lo tragué enterito para ver si variaba mi impresión inicial, pero nada. Totalmente prescindible… No digo que el autor no sea majo, pero caramba lo que consigue el márketing… Hasta me han entrado ganas de publicar a mí también…