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Mes: febrero 2004

Les Luthiers

¿Qué podemos agregar sobre la biografía del famoso… del célebre compositor Laios…. Laios Imbredhazi que no se haya dicho ya? O que sí se haya dicho… Bueno, este es un compositor…
Nació… nació…
Nació.

Provenía de una… pertenecía a una… era el menor.
Cuando nació, fue el menor.
No, y siguió siendo el menor un tiempo, casualmente justo hasta el día en que nació el hermano; aunque en realidad no se sabe a ciencia cierta si es que tuvo hermanos o no.
Me refiero a tal vez sí se sepa, yo en este momento lamentablemente no.

(…)

No me acuerdo si fue antes o después…
No, no, fue después…
Lo que no me acuerdo es después de qué.
Y eeeh bueno, en fin, yo… No quiero seguir abundando en detalles… No quiero hacerles perder más tiempo, porque como bien dicen en inglés:
“Time is money: el tiempo es un maní”.

(Aplausos)

Les agradezco mucho los aplausos, pero en realidad yo lo único que hago es repetir lo que está escrito en la… en la… claro, en este caso soy simplemente un mero… un mero…
Un mero.

Les Luthiers, “Biografía de Laios Imbredhazi” (Introducción de la “Escena en el restaurante”, Viegésimo Aniversario, 1987

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CALLE ERÓTICA

A ver, cómo decirlo…

Mi vida erótica es como andar por una calle peatonal (sirven las nuevas de Pontevedra): yo voy por el medio de la calle y a veces me atraen los escaparates de la izquierda y otras veces, los de la derecha; pero nunca llego a entrar en las tiendas y menos aún a comprar nada.

En realidad vengo del puesto de flores que hay al principio de la calle y lo que me interesa es el otro puesto que hay un poco más adelante y de cuya existencia supe hace relativamente poco tiempo. El primer puesto de flores hubo de cerrar, aunque sigue allí; pero la verdad es que no tengo dinero para comprar en el segundo… En cualquier caso es muy agradable ver las flores y tocarlas de vez en cuando, porque el dueño (sí, da la casualidad de que los puestos de flores están un poco escorados a la derecha) es muy majo y me deja andar por allí. El dueño del primer puesto también era encantador, pero no sé aún muy bien por qué nunca me atreví ni a oler las flores…

Si a alguien le interesa saberlo, esta madrugada llegué por primera vez al segundo puesto de flores, casi cuando estaba dispuesta a meterme en uno de los escaparates de la izquierda porque creía que las flores estaban más lejos…

No os preocupéis si no entendéis nada de esto: lo importante es que la calle está cortada al tráfico motorizado, así que sólo tengo que preocuparme de que no me atropellen los patinetes y de no tocarle mucho las narices y las flores al encargado del puesto…

[Por muy cursi que resulte, esto está dedicado al florista del segundo puesto, bien sűr :)]

(¿Y de dónde puñetas habré sacado yo este maldito don de la metáfora?)

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EDUARDO MENDOZA

Me metí en la cama y traté de dormirme repitiendo para mis adentros la hora en que quería despertarme, pues sé que el subconsciente, además de desvirtuar nuestra infancia, tergiversar nuestros afectos, recordarnos lo que ansiamos olvidar, revelarnos nuestra abyecta condición y destrozarnos, en suma, la vida, cuando se le antoja y a modo de compensación, hace las veces de despertador.

Eduardo Mendoza, El misterio de la cripta embrujada, Barcelona, Seix-Barral, 1979

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Ad hoc

Todas as cartas de amor são
Ridículas.
Não seriam cartas de amor se não fossem
Ridículas.

Também escrevi em meu tempo cartas de amor,
Como as outras,
Ridículas.

As cartas de amor, se há amor,
Têm de ser
Ridículas.

Mas, afinal,
Só as criaturas que nunca escreveram
Cartas de amor
É que são
Ridículas.

Quem me dera no tempo em que escrevia
Sem dar por isso
Cartas de amor
Ridículas.

A verdade é que hoje
As minhas memó;rias
Dessas cartas de amor
É que são
Ridículas.

(Todas as palavras esdrúxulas,
Como os sentimentos esdrúxulos,
São naturalmente
Ridículas.)

Álvaro de Campos (heteronimo de Fernando Pessoa), 21-10-1935

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PRINCESITAS

Muchas niñas quieren ser princesitas que esperan en su castillo a que un príncipe las salve. Otras niñas quieren ser esos príncipes que andan salvando princesas por ahí…
Yo quería ser una princesita con diadema y vestidita de organdí que de vez en cuando se iba a salvar príncipes y demás y, otras veces, intercambiaba el puesto con el principito de turno para que la salvaran a ella.

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DE LA OREJA DE LA RAZÓN

Me callo porque es más cómodo engañarse.
Me callo porque ha ganado la razón al corazón.
Pero pase lo que pase,
y aunque otro me acompañe,
en silencio te querré,
en silencio te amaré,
en silencio pensaré tan solo en ti.

La oreja de Van Gogh, “Deseos de cosas imposibles”, del álbum Lo Que Te Conté Mientras Te Hacias La Dormida.

[Estos prácticamente son de mi club ;p]

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