marzo 2005

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Cómo me cuesta pronunciar tu nombre,
en cuanto lo vi, supe que era el tuyo.
Sólo pensarte es una pesadilla,
no podrías llamarte de otro modo.

Me alegro de que nadie más lo entienda,
que no vean lo mal que nos llevamos,
sólo el club de las tontas desgraciadas
comprende mi dolor inexistente.

Conozco todos tus significados,
aunque no sé cuáles me corresponden.
Ojalá supiera que es por tu causa
que me esté destrozando poco a poco.

Pero yo sola causo mi agonía.
Tú eres lo que uso para odiar,
para enfadarme, gritar y llorar.
Me aterra comprobar que ya eres mía.

Tú eres el instrumento de tortura,
y nada más: no eres nada sin mí…
Sin embargo, cuesta tanto decir
que sé de sobra cómo te llamas…
Amarga compañera: mi bulimia.
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-Según unas estadísticas del periódico sobre el referéndum de la constitución europea, los de 25 ya no son “jóvenes” sino “adultos jóvenes”.

-Pues qué suerte: yo conozco a algunos que ni de viejos llegan a adultos.

[Inspirado por Setsuka, con la que me traigo algo entre manos...]

Algunas chicas son objeto de deseo, otras de culto y otras lo somos de curiosidad.

MIERDRA

¿Para qué matarse buscando palabras propias pudiendo citar a los clásicos?

¡MIERDRA!

Ubu Rey, de Alfred Jarry (estrenada el 10 de diciembre de 1896)

Si no lo pienso a lo mejor hago que no exista.

[Inspirada por R. y el cuadernito de malinas en el cine Cytryna]

J: – Me he tomado tantas molestias en elegir esa puerta… Los certificados de seguridad, las garantías, los colores de los cerrojos… Creo que por eso no soy capaz de elegir novio, les veo defectos y no me fío, como con la puerta.

C.:.: – Sin embargo, la hora -o el día- a la que se deban lavar los platos no parece importarte demasiado…

J: No, los platos sucios no me importan. Ya se lavarán, y mientras tanto, aunque no se les haga mucho caso no les pasa nada. Sólo hay que evitar que empiecen a oler mal.

C.:.: Es que te tomas lo de los chicos como si fuesen puertas, y los chicos no son como las puertas, son como los platos sucios.

Lo que más me cabrea de cabrearme es haberme cabreado.

[Y sí, ya sé que hoy hace un año... Pero no voy a arreglar nada poniendo algo "ad hoc", así que paso de eso y voy a seguir reconcomiéndome en mi cabreo retroalimentado.]

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