Yo puedo ser una novia pistonuda, pero la gente no está para vivir por encima de sus posibilidades.

Hay que tomar la Moncloa y la Zarzuela a la vez: la revolución es igual para todos.

Yo no soy una medalla que ganes una vez y conserves para siempre; soy el título: si no sigues trabajando, lo pierdes.

Cada vez que leo sobre las medidas del gobierno pienso en lo que vamos a ahorrar en laxantes.

Cuando me ofrecen droga digo: “No, gracias, me caí en la marmita cuando era pequeña”.
Al principio no me creen; luego sí.

Paseando al borde del acantilado del “ya no puedo más” en un día de tormenta.

Intenté tomarme la vida con humor y ella se vengó cachondeándose de mí.

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